Simple no es igual a fácil, aunque solemos confundirlo. Lo simple lleva un proceso largo de aprendizaje pero vale la dicha transitarlo.
Una vida más lenta valora lo simple. Pero a veces confundimos simple con fácil. Simple es un plato de comida casero con 4 ingredientes, pero es más fácil y lleva menos tiempo meter en el microondas un plato precocido procesado. ¿Qué tanto estás dispuesta a simplificar tu vida?
Vivir más lento requiere despojarnos no solo de objetos, de compromisos y de tareas. También de necesidades inventadas por un modo de vivir que nos pide siempre algo más.
Pero, si te parece mucho o no sabés por donde empezar y de verdad querés una vida más simple y en presencia, te invito a ese desafío hermoso y revelador. ¿Cómo? Aportando una práctica que es tan simple como fácil a tu vida, sí, porque algunas cosas simples pueden ser fáciles.
Se trata de una práctica simple pero transformadora de respiración. Todo lo que necesitás son unos minutos para vos en calma y plena presencia.
- Una respiración consciente es algo que puede hacer cualquier persona y cuanto más la practiques vas a notar su profundo poder transformador en tu vida y en tu salud.
- Una respiración consciente nos aporta ese momento extra que nos puede evitar una acción no pensada (contestaciones, compras impulsivas, decir sí a algo que queremos decir no, etc)
- una respiración consciente nos trae una pausa real y nos trae a la tierra, para el piloto automático de la mente, desacelera el ritmo cardíaco.
Sin más, te dejo el ejercicio:
● Inspirá por nariz lento y profundo. Llevá el aire al pecho expandiendo tu caja torácica lo más posible, expandí tu espalda.
● Exhalá, también lento por nariz, contando de 10 a 1.
● Repetí 3 veces.
● Observá: ¿Cómo te sentís? ¿Cuánto “duró” ese momento?
La magia de la respiración consciente nos trae a este momento, nos aporta calma y claridad. Tu tiempo es sagrado. Vivir lento te reencuentra con tu existencia.

