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Movimiento slow: yoga para cada etapa de tu ciclo de energía*

Cómo el yoga puede acompañarte en las distintas etapas de tu ciclo y en la menopausia, con prácticas que respetan tu energía y tu ritmo

*Leer este post te va a llevar 5 minutos de lectura

Hace unos años, en pleno síndrome premenstrual, intenté hacer la misma práctica de yoga intensa que hacía siempre. Terminé frustrada, agotada y con la sensación de fallar. Hasta que entendí algo simple: mi cuerpo no quería lo mismo todos los días.

No fue de un día para el otro, pero con observación, registro, paciencia y amor, pude identificar varias cosas que me ayudaron a encontrar una forma de moverme que me hiciera sentido y principalmente que le hiciera bien a mi cuerpo, a mi mente y a mi espíritu. No todos los días me levanto con la misma energía, con la misma fuerza ni el mismo entusiasmo y me llevó tiempo encontrar información adecuada que me ayudara a interpretar eso. No se trataba de una cuestión mental, emocional sino de un ciclo orgánico de mi cuerpo completamente normal que pasamos todas las mujeres.

No estás loca ni sos histérica, es la Historia:

Por años, décadas, siglos, las mujeres sufrimos una ruptura con el conocimiento de nuestro propio cuerpo. Yo me crié en una época donde:

  • la sangre menstrual en publicidades de toallitas y tampones era representada con un líquido azul,
  • todavía se decía “el asunto” a la menstruación
  • o se pedía permiso en voz baja a la profesora en la secundaria y escondiendo la toallita para ir al baño.

No estoy hablando de la época de las cavernas. Es más, no tengo pruebas pero tampoco dudas, de que en la época de las cavernas se tomaba con mucha más naturalidad la existencia del ciclo hormonal femenino y no como algo para esconder y avergonzarse.

De yapa, la cultura fitness e hiperproductiva tampoco contribuyeron: siempre activas, con la energía por las nubes, haciendo varias tareas al mismo tiempo y sonriendo, siempre sonriendo. Publicidades de mujeres corriendo maratones en pleno período menstrual, madres alimentando a sus hijos mientras atienden una videollamada laboral o que se toman un ibuprofeno sin importar el origen del dolor para seguir rindiendo en el día a día.

Cómo el yoga puede ayudarte a honrar tu energía y hacer las paces con los cambios:

Con todo ese marco cultural, lo menos que podemos esperar es que no sepamos cómo funciona la biología de nuestro cuerpo, pero estamos a tiempo. O es más: sentirnos “vagas” e “inútiles” si necesitamos dormir más tiempo, no tenemos el mismo nivel de concentración todos los días o necesitemos tiempo para simplemente estar solas. Y el movimiento nos ayuda a reconstruir el tejido de ese diálogo con nosotras mismas.

Nos ayuda a tratarnos con suavidad y darnos ese abrazo justo ahí donde todo allá afuera te está pidiendo cosas irracionales para la mayoría de los seres humanos, pero que sin cuestionar asumimos como obligaciones reales durante mucho tiempo.

El yoga me acompaña desde hace muchos años. Desde los 10, en los que acompañaba a mis abuelos a sus clases de yoga para jubilados en el barrio. Para mí era un juego y con los años se volvió mi casa, mi lugar al cual volver para saber que no estaba rota o que fallada. Luego, de más grande, me ayudó a conocerme mucho más a otros niveles. Y con los ciclos fue clave.

El movimiento nos ayuda a reconstruir el tejido del diálogo con nosotras mismas

Entendí que la contradicción no era mía:

  • pedirme rendimiento constante cuando el cuerpo cambia, era lo que estaba mal.
  • Comencé a hacerme preguntas sobre cómo me sentía cada día y a registrarlas en una aplicación (actualmente uso Clue y me encanta) y en un diario.
  • Comencé a atar cabos, a unir fechas con momentos de estrés, con períodos de mi ciclo hormonal.
  • Descubrí que no era improductiva, sino que había momentos en los que necesitaba descanso extra, resguardarme un momento del mundo y era todo.

El yoga puede funcionar como herramienta de escucha y autoobservación, no solo física, también hormonal y emocional. Somos un TODO y eso en la práctica del yoga se pone sobre la superficie sin esfuerzo. ¿Cómo? Durante la práctica vivimos distintos momentos: de respiración, de introspección, entrada en calor, posturas centrales de mayor exigencia y luego descenso hacia posturas calmantes y el descanso en savasana. Durante todas esas etapas es posible ir registrando cada día como nos vamos sintiendo, que nos dice la mente racional mientras tanto, cultivar la observadora externa.

La maravilla del yoga, no importa que edad tengas:

Una de las cosas que amo del yoga, es que es para todo el mundo, literal, para cualquier ser humano que quiera tener una vida más armoniosa, en paz consigo mismo y con lo que lo rodea. Pero volviendo a las personas que tenemos útero y ovarios, o alguna vez los tuvimos. también es apta en cada etapa de nuestra vida. Si tu ciclo hormonal está activo, podés hacer prácticas suaves durante la menstruación que incluso pueden ayudarte con los cólicos, dolores de cabeza o hinchazón abdominal. Si estás en etapa ovulatoria vas a disfrutar más de secuencias más activas. En la perimenopausia, menopausia y postmenopausia, una práctica más equilibrante que combine fuerza y flexibilidad es ideal.

Asanas para cada etapa y nivel de energía:

Se que seguramente en tu mente estás tratando de adivinar cuáles son las asanas perfectas para cada etapa, pero te anticipo que no las hay. Eso depende no solo de la etapa del ciclo sino de cómo es la energía promedio y el cuerpo de cada persona en particular. Por eso, para practicar yoga con intención nada mejor que el compromiso con el autoconocimiento. De todas maneras te quiero compartir 3 asanas de referencia para cada momento:

  • Menstruación: Balasana (postura del niño) → descanso y recogimiento.
  • Ovulación: Virabhadrasana II (guerrero) → vitalidad y expansión.
  • Menopausia: Viparita Karani (piernas en la pared) → regulación y calma.


No hay prácticas absolutas ni cerradas, escuchá a tu cuerpo antes de moverte, durante y después del movimiento.





Tu práctica no necesita ser igual todos los días, porque vos tampoco lo sos.





¡Nos vemos en el mat!

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